Fotografía: 9 de Marzo de 2006, en el salón de Grados de la Facultad de Historia (Universidad de Valencia), poco antes de empezar la conferencia. De izquierda a derecha los profesores Alan Millard, Enrique Mota, que actuó de traductor y Amadeo Serra, vicedecano de cultura y presentador del acto.
Alan Millard
The University of Liverpool
La Biblia hebrea ha sido un solitario superviviente de las antiguas culturas del Próximo Oriente hasta hace unos 150 años y su testimonio no fue cuestionado. Entonces, la aplicación de técnicas analíticas al texto condujo a muchos a la conclusión de que su testimonio no era fiable, que sus afirmaciones tenían muy poca, o ninguna, base y no podían reflejar la época en que se situaban. Simultáneamente, descubrimientos en el Próximo Oriente sacaron a la luz una enorme cantidad de evidencias, de primera mano, sobre los tiempos bíblicos. ¿Cómo se relaciona la arqueología con la Biblia?
La Biblia hebrea:
La Biblia hebrea está disponible en manuscritos copiados hace 1000 años y en fragmentos copiados hace 2000 años, los rollos del Mar Muerto. Por lo tanto, su texto es el producto del trabajo muchas generaciones de escribas y puede contener errores. El trabajo de los escribas, de hecho y como indican varios detalles, fue asombrosamente preciso. Pero incluso siendo este el caso debemos preguntarnos: ¿Reflejan estos textos con fiabilidad los sucesos y circunstancias de las épocas que pretendidamente describen?
Claramente, si estuvieran equivocados, si deliberadamente presentaran una falsa imagen, cualquier enseñanza basada en esos textos tendría poco valor y ninguna autoridad sobre nadie, ni entonces ni ahora.
Arqueología: Posibilidades y limitaciones:
La moderna arqueología es una actividad compleja, que produce notables resultados y que nos permite vislumbrar épocas pasadas con mayor precisión y tan vívidamente como nunca antes. Pero, con todas sus técnicas, tiene muchas limitaciones.
El papel de los textos escritos:
La Biblia es un documento escrito, por lo que cualquier resto material que pueda encontrarse y relacionarse con ella, y cualesquiera otros documentos escritos, pueden ayudarnos proporcionando una información más precisa sobre su contenido. Veremos algunos ejemplos.
Comprobando los textos:
Los descubrimientos arqueológicos pueden iluminar el contenido de un texto antiguo y ayudar a verificar sus afirmaciones al revelarnos si ciertas costumbres y utensilios eran corrientes en la época indicada por el texto, o si el texto contiene o no anacronismos. Un ejemplo significativo es la armadura del gigante Goliat. Otro “evidente anacronismo” aparece en los libros de Samuel, en los que se mencionan monedas acuñadas.
Falta de evidencias sobre David y Salomón:
Las excavaciones en Jerusalén no han revelado ninguna estructura que pueda relacionarse con los dos reyes más famosos de Israel. Restos de muros encontrados recientemente parecen ser del siglo X a.C., pero los informes son todavía preliminares. La existencia del rey David está ahora sustentada por evidencias extrabíblicas.
Estos pocos ejemplos tratan de ilustrar las diferentes formas en que los descubrimientos arqueológicos pueden ser relacionados con el texto bíblico, cómo es posible llegar a deducciones erróneas, cómo otras presuposiciones pueden afectar a las interpretaciones que hacemos en base a lo descubierto y por qué es necesario dedicar mucha atención a cada uno de los aspectos de cada tema. Los restos materiales, los muros, los utensilios nunca pueden proporcionar una información precisa. Los objetos son neutros; no son ni amigos ni enemigos. Los textos aportan la precisión que requiere el historiador. Los testimonios extrabíblicos concuerdan con los bíblicos. Los intentos de demostrar discrepancias entre ambos tipos de documentos se han demostrado equivocados. La conclusión está clara: la Biblia y la arqueología no son enemigos. Son las interpretaciones equivocadas las que los presentan como si fueran enemigos cuando, de hecho, son amigos.
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